"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" de Stieg Larsson
Páginas 167/168
Capítulo 8
Lunes 14 de febrero – Sábado 19 de febrero
Al oír un leve golpeteo en el marco de la puerta, Dragan Armanskij levantó la vista y vio a Lisbeth Salander. Intentaba mantener el equilibrio dos tazas de café que traía de la máquina. Lentamente él dejó el bolígrafo sobre la mesa y apartó el informe.
- Hola – dijo ella.
- Hola – contestó Armanskij.
- Vengo en son de paz – dijo ella-. ¿Puedo pasar?
Dragan Armanskij cerró los ojos un instante. Luego señaló una silla con el dedo. Miró el reloj de reojo. Eran las seis y media de la tarde. Lisbeth Salander le dio una de las tazas y se sentó. Se examinaron mutuamente durante un instante.
- Hace más de un año –dijo Dragan.
Lisbeth asintió.
- ¿Estás enfadado?
- ¿Debería estarlo?
- No me despedí.
Dragan torció el labio. Se encontraba desconcertado y al mismo tiempo aliviado. Por lo menos, ahora sabía que Lisbeth Salander no estaba muerta. De pronto, una enorme irritación y un gran cansancio se apoderaron de él.
- No sé que decir – contestó -. No tienes ninguna obligación de informarme sobre tu vida. ¿Qué quieres?
Su voz sonó más fría de lo que había pretendido.
- No lo sé muy bien. Supongo que saludarte más que nada.
- ¿Necesitas trabajo? No pienso contratarte de nuevo.
Ella negó con la cabeza.
- ¿Tienes otro trabajo?
Volvió a negar con la cabeza. Daba la sensación de estar pensando lo que iba a decir. Dragan aguardaba.
- He estado viajando – respondió finalmente - . Acabo de regresar a Suecia.
Pensativo, Armanskij hizo un gesto de asentimiento mientras la examinaba. Lisbeth Salander había cambiado. Había un nuevo tipo de … madurez en su ropa y en su comportamiento. Y había rellenado el corpiño con algo.
- Has cambiado. ¿Dónde has estado?
- Un poco por todas partes … - contestó evasivamente, pero siguió al reparar en la irritada mirada de Armanskij-. Me fui a Italia y continué hasta Oriente Medio. De ahí volé a Hong Kong vía Bangkok. Estuvo un tiempo en Australia y Nueva Zelanda, y viajé por las islas del Pacífico, donde permanecí un mes en Tahití. Luego recorrí Estados Unidos. Y los últimos meses los pasé en el Caribe.
Él asintió.
- No sé por qué no me despedí.
- Porque, sinceramente, os demás te importamos un carajo – contestó , Dragan Armanskij con frialdad.
Lisbeth se mordió el labio inferior. Reflexionó un rato. Tal vez las palabras de Dragan fueran ciertas pero, aun así, le pareció injusta la acusación.
- Por regla general son los demás los que no se interesan por mí.
- ¡Y una mierda! – contestó , Dragan Armanskij -. Lo tuyo es un problema de actitud y tratas como el culo a los que verdaderamente intentan ser tus amigos. Así de sencillo.
Silencio.
- ¿Quieres que me vaya?
- Haz lo que quieras. Siempre lo has hecho. Pero si te vas ahora, no quiero volver a verte en la vida.